ESPACIO CHESTER

Carlos Rodríguez Serrador, el profe que corría (reportaje extraído de dos entrevistas con Carlos, e imágenes cedidas por él igualmente; uno de los históricos de nuestro deporte)

       Carlos Rodríguez Serrador es un hombre, un profesor, un corredor, que ha pasado al fondo del pelotón, como tantos otros, porque la vida actual, nunca mejor dicho, corre que vuela, y todo es demasiado efímero. Muchos le recordamos, pero muchos otros, si le ven, no le reconocen como atleta.

       Nació en el 58, sí, del siglo pasado, y si no hubiera sido por dos profesores suyos, Manolo y Gaspar, seguramente nunca habría llegado a correr una maratón en 2h42', su mejor registro.


       Pero ambos se cruzaron en su camino, y además, le enseñaron el deporte de una manera nueva, no al uso de aquellos años, sino con las formas que a uno le hacen comenzar a amar algo.

     Quizá le enseñaran algo más que el amor por correr, porque ellos, y otros como Don Gerónimo, seguramente inclinaron la balanza para que llegara a ser él también profesor, con la espinita del inglés, que no le dejó hacer el antes llamado INEF.

      Primero vinieron los crosses, incluso siendo engañado en las distancias, porque de otra forma, con 16 años, quizá no se lo habría planteado, pero llegaron, y no se le daba mal. Conseguía subir al cajón, y le gustaba correr.

       Alguien muy querido en nuestra ciudad, en Valladolid, parece ser que ya le había echado el ojo en uno de esos crosses, y le animó a unirse al mítico DAR, Dominicos Arcas Reales. Era Elías Reguero, uno de los hombres que nos ha entrenado a muchos durante sus tantos años como entrenador.


       Aunque no lo sabe ni él, seguro que se enfadó mucho cuando le vio aparecer en un cross con unos clavos que Carlos se había comprado con su dinero, pero que eran de velocista. Elías quizá se enfadara por aquella torpeza, pero Carlos fue el que sufrió en sus pies lo que significa correr un cross con ese tipo de clavos.

       Con él y con el DAR pasó unos cuantos años, corriendo incluso un relevo de 4x400 al lado de nombres que después se convertirían en grandes corredores, y disfrutando de experiencias diferentes.

       A él, sin embargo, le llamaban más la atención distancias como el 10k, las medias maratones, o la maratón, la cumbre del corredor.

       Poco a poco se fue sumergiendo en esas distancias, logrando correr en 34' el 10k, en 1h16' la media, y en 2h42 la maratón.


      Corrió por todo el territorio español, y los últimos, muchos años, más de 25, lo hizo en otra referencia del atletismo popular vallisoletano: en el Club Deportivo Trotapinares, los "trotas", así conocidos por todos cariñosamente.

      Con ellos, y al lado de ellos, se ha hecho persona también, y ha podido correr de amarillo junto a tantos y tantos grandes nombres del atletismo popular de nuestra ciudad, que también vistieron o visten aún de Trotas.

      Todo ha cambiado mucho, según él mismo reconoce, pero sigue siendo socio del equipo, y seguramente, nunca dejará de serlo.

      Atesora en su casa recortes perfectamente organizados de innumerables batallas atléticas, fotografías al lado de unos y de otros, clasificaciones, marcas finales, y cualquier vestigio que demuestra que Carlos Rodríguez Serrador fue uno de aquellos pioneros que cuando algunos no habíamos nacido, o estábamos en ello, ya pasaban frío y se llenaban de barro en los crosses, o competían en pistas de ceniza, con material apenas especializado en el correr, pero con una fortaleza y con un pundonor, propios de los legionarios romanos.


      Desde que sus alumnos de Jerez de la Frontera le regalaran un pañuelo rojo, tras haber ejercido allí como profesor tres años, sus fotos delatan que jamás se lo quitó para competir. Es lo que tiene un hombre agradecido a sus recuerdos y a sus vivencias.

        Ya casi no corre, pero guarda una estupenda forma física, y a veces se le pierde la mirada recordando que aquellos domingos a las cinco de la mañana, en la gasolinera de Tordesillas, quedaba con algún corredor al que le iba a echar una mano para completar la maratón de Madrid. Esa ilusión parece que la tiene aún en la mano, y parece que es este próximo domingo cuando cogerá sus zapatillas para ir a Madrid, y ver cómo triunfan aquellos a los que él anima a disfrutar de correr.